
El Roto
Recientemente un profesional de la sanidad de Barcelona me comentó que la media de visitas de un médico en un centro público hospitalario complejo suele ser de 15 a 20 pacientes en un día. Llevo 35 años escribiendo de la comunicación sanitaria y vinculado a ella, y sinceramente, produce vértigo saber que pese a dicha presión asistencial puede funcionar una organización tan compleja como es la hospitalaria. ¿Pero realmente funciona? El nivel de satisfacción no es la medida.
La medida real es el control de la enfermedad y su posible remisión y esos son los indicadores principales que definen un hospital eficiente. Y ante esa realidad parecen estar ciegos los gestores sanitarios catalanes y sus sindicatos. Es imposible con pacientes de patología muy compleja, con trabajo interhospitalario continuo, con incidencias constantes, con formación de MIR, problemas de seguridad, masificación de los servicios, diversidad cultural e idiomática, sueldos miserables de los residentes, y bajas y ausencias de compañeros atender 20 pacientes en un día. Y cada día es mayor la presión.
Puedes diseñar planes de comunicación preciosos, apps e IA superavanzadas, dar conferencias sobre tu maravilloso modelo sanitario, ganar premios y recibir medallas de asociaciones, pero lo que de verdad importa es la salud de las personas y, sobre todo, la de los propios trabajadores de los centros hospitalarios que no pueden aguantar más esta incoherencia gestora y ante la que los sindicatos, patronal de concertados, políticos y el Colegio de Médicos de Barcelona parece resultarles indiferente y han renunciado a encontrar la solución. Es muy simple, más de diez pacientes es imposible atender con garantías diariamente en un centro hospitalario complejo.
No hay que encargar a ninguna consultora estudios ni mantener inútiles reuniones para verlo. Mientras, asistimos al deterioro alarmante del tejido asistencial sanitario por irresponsabilidad directa de los gestores del sistema sanitario público y sus directivos. Por mucho que se decore la carrocería con la comunicación, la imagen y la gestión sanitaria de postureo, el reto se encuentra en lograr que el motor funcione, y hoy no pasa ni la ITV. Es la cruda realidad.