
El Roto. El País.
Como millones de españoles, soy un usuario del tren. Pero no solo del tren, también de las autopistas, de las carreteras nacionales, de las calles, de los hospitales, de los servicios públicos.
Como millones de usuarios españoles he visto la dejadez y la desidia en lo público, no sólo en sus recursos materiales, también en los humanos, renunciando a cualquier protesta o reclamación.
Dice mucho de la vigencia de los valores de un país donde la misma policía tiene que encerrarse para tener un sueldo digno, o los mismos profesores y médicos se arrastran por las calles para mejorar su dignidad profesional, o donde los ciudadanos de Ceuta resisten ante una invasión de sus calles con unos gobernantes de vacaciones.
Se acumulan las miserias y España empieza a ser un contenedor de basura donde la plaga de ratas es ya una realidad.
Si usted es usuario del Euromed de Renfe, por ejemplo, sabrá perfectamente de lo que le hablo. Un trayecto sujeto a demoras continuas, con unos vagones donde en sus aseos podría haberse filmado cualquier película distópica estilo walking dead.
Nos indigna todo por lo que pagamos y mantenemos porque no llega a ofrecer un mínimo de garantías. Al mismo tiempo, observamos como el saqueo, pillaje y despilfarro se produce de modo impune. Las esferas donde debería existir la contención y la prudencia han desaparecido.
Pensamos que necesitamos una revolución, pero quien realmente se apropia de las calles son masas manipuladas por los mismos que mantienen el estercolero ideológico de nuestro país. Creemos que siendo mejores que ellos cambiaremos el escenario, pero no es suficiente.
Y mientras, subimos al tren de la vida, ponemos rumbo al día a día sin saber si la ruleta rusa decidirá a nuestro favor o en contra y dejando en manos de unos aficionados la gestión de nuestra existencia.
No es un tema político, ni técnico, es un tema moral. No se puede esperar de la mentira y la traición más que la pérdida de vidas humanas constante.
Investigadores, deportistas, trabajadores de cualquier sector desaparecidos en segundos…los errores pueden enmendarse, pero la muerte, aunque se disfrace de banderas palestinas y acampe en las plazas, nunca.
Bienvenidos a la estación del horror.






