THINK

 UP WITH PEOPLE

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Kim llevaba veinte minutos esperando para hacer una llamada de teléfono. Con 30 grados de calor en primavera y sin muchas esperanzas de que realmente estuviera conectado, insertó unas monedas en la ranura de ese aparato con aspecto de no haber sido renovado en muchos años.

¿Qué hacía ella en esa ciudad que se vestía todavía de luto, mantilla, boina y alpargatas? ¿Quién le había engañado para embarcarse en un grupo de música pop y respirar ahora azahar y tomillo? Tenía que encontrar un lugar para dormir unos días y no estaba precisamente en Little Rock, donde los moteles poblaban las carreteras.

Se acababan esas pesetas y tampoco iba a ser fácil pedir más efectivo en el bar de la estación.

-Hola. Soy Kim. Quería saber si pueden alojarme en su casa.-

-¿Diga?-

– Sí…Soy Kim y pertenezco a Viva la Gente. Quería preguntarle si puedo alojarme en su casa. Me han dicho que hablan ustedes en inglés.-

La voz de mi madre, encacharrada entre cinco hijos, respondió:

-Sí, hablamos inglés. Venga a nuestra casa.-

Era entonces Murcia una tierra rica en sencillez y nula en modernidades, muy similar a otros rincones de España. Sus gentes siempre emigradas, los agricultores con mula en casa y los analfabetos en las aulas hacían que esa tierra oliese a milagro en 1970.

Días después, en la Plaza de Toros, Kim fundió su voz junto a la de todo el cortejo de artistas sin título y con pantalón acampanado. Gentes cuya ambición no era otra que la de contagiar un poco de esperanza a un país todavía en reconstrucción.

No existía la televisión más que como un aparato de lujo y casi experimental. No existía más que el sonido monoaural y al llegar la noche mi calle tenía la luz justa para entrar al portal.

Una estrofa de la archiconocida letra de Up with people dice así

«Gente de las ciudades y también del interior,
la vi como un ejército cada vez mayor,
entonces me di cuenta de una gran realidad:
las cosas son importantes pero la gente lo es más».  

Cientos de millones de personas nos conocemos por redes sociales. Cientos de mensajes e imágenes surcan las autopistas de la información cada segundo.

En plena revolución tecnológica necesitamos una actitud especial: confiar en los demás antes que en las máquinas.

Entonces Kim tenía una agenda, unos dólares en el bolso y la vieja Leika de su padre. Se llevó de nuestra familia inglesa unas postales de recuerdo y unos besos tatuados. No sé dónde andará, pero seguro que guarda en el corazón la alegría, lágrimas como puños y el respeto de sus miles de “followers” y “fans” que le aplaudieron en esa gira de la España tardofranquista.

Piénsalo cuando hagas un «retweet». Piénsalo cuando escribas en tu muro.

Somos más importantes que cualquier tecnología, por nueva que sea.

Y si no te va el wi-fi, ponte a cantar. Funciona sin batería.

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